MK4 en Chile: qué cambia con el 30% de los dividendos

MK4 propone facilitar acuerdos para repartir menos del 30% de las utilidades. Qué implica para los accionistas y qué otras aristas incluye la reforma.

MK4 en Chile: qué cambia con el 30% de los dividendos

Compraste acciones y la empresa tuvo un buen año. Llegó la temporada de resultados y empezaste a calcular cuánto podría tocarte en dividendos. Hasta ahí, todo bien. Pero aparece una reforma que permitiría repartir menos utilidades sin pedirles permiso a todos los accionistas. La conversación cambia bastante.

Ese es uno de los puntos del MK4 en Chile que merece atención: la propuesta de flexibilizar el reparto mínimo del 30% de las utilidades. No estamos hablando del dividendo de una casa, sino de la plata que una sociedad distribuye entre sus accionistas.

Y hay un matiz importante: no es lo mismo eliminar el mínimo que facilitar un acuerdo para pagar menos. La iniciativa sigue siendo un proyecto; no corresponde tratarla como una regla que ya reemplazó la ley vigente.

El 30% no es una rentabilidad garantizada

El artículo 79 de la Ley de Sociedades Anónimas establece que las sociedades anónimas abiertas deben distribuir anualmente, en dinero, al menos el 30% de las utilidades líquidas de cada ejercicio. La excepción requiere un acuerdo unánime de las acciones emitidas. En las sociedades cerradas rigen sus estatutos y, si estos no dicen nada, se aplica esa regla. Además, deben considerarse las pérdidas acumuladas. Fuente: Ley 18.046, artículos 78 y 79.

Ese porcentaje no se calcula sobre lo que pagaste por tus acciones. Tampoco sobre las ventas de la empresa. Un reparto del 30% no significa que tu inversión rente 30% al año.

Veámoslo con números inventados. Una sociedad tiene $1.000 millones de utilidades líquidas distribuibles, sin pérdidas acumuladas, y diez millones de acciones iguales. Repartir el 30% significa distribuir $300 millones: $30 por acción. Si tienes mil acciones, recibirías $30.000 antes del efecto tributario personal que corresponda.

Si pagaste $1.000 por cada acción, invertiste un millón de pesos. Esos $30.000 representan un 3% de ese monto, no un 30%. Parece una diferencia obvia, hasta que un titular mezcla reparto de utilidades con retorno de inversión.

Qué cambiaría MK4: de unanimidad a dos tercios

Según el reporte de El Mercurio Inversiones, la propuesta rebaja de unanimidad a dos tercios el acuerdo necesario para apartarse del dividendo mínimo. Su explicación complementaria precisa que se trata de las acciones emitidas.

Por eso, decir simplemente «el 30% deja de ser obligatorio» se queda corto. El cambio permitiría acordar un reparto inferior sin conseguir la aprobación de todos. No obligaría a dejar de pagar dividendos ni convertiría cualquier decisión del directorio en suficiente para hacerlo.

En nuestro ejemplo, si se acordara repartir un 10% en vez del 30%, el pago sería de $10 por acción. Tus mil acciones recibirían $10.000 y la empresa conservaría $200 millones adicionales respecto del primer escenario. Esto es una ilustración, no una predicción sobre cuánto repartirían las compañías.

La reforma abriría una posibilidad. Cada sociedad tendría que tomar sus decisiones dentro del marco que finalmente se apruebe.

Más plata para crecer, pero menos poder para bloquear

Retener utilidades puede tener sentido. Una compañía podría financiar una nueva planta, mejorar su tecnología o reducir deuda sin salir a buscar todo ese dinero afuera. Repartirlo primero y luego endeudarse para ejecutar un proyecto no siempre es la mejor combinación.

Pero reinvertir tampoco es una palabra mágica. Una compra mal evaluada o un proyecto poco rentable pueden consumir esa plata sin crear el valor prometido. Que el dinero permanezca en la empresa no asegura que mañana tu acción valga más.

Del otro lado está el accionista minoritario. Puede haber comprado esperando recibir parte de las ganancias, no solo confiando en vender más caro algún día. Si cambia el umbral para aprobar un reparto menor, cambia también su capacidad de oponerse.

Como ejercicio simplificado, imagina una empresa con una sola serie de acciones en la que un controlador reúne el 70%. Frente a una exigencia de dos tercios, tendría suficiente participación para alcanzar ese umbral sin el apoyo del 30% restante. Es una consecuencia aritmética del escenario, no una afirmación sobre una empresa específica ni sobre todos los resguardos legales aplicables.

La pregunta de fondo no es si los dividendos son buenos y la reinversión mala, o al revés. Es quién decide qué hacer con las ganancias, con qué información y con qué protección para quienes tienen menos votos.

Recibir efectivo y ganar valor no son lo mismo

Hay dos cosas distintas que un inversionista puede esperar de una acción: recibir distribuciones y que aumente su precio. Una no reemplaza automáticamente a la otra.

Si la empresa retiene más recursos y los utiliza bien, podría fortalecer su negocio. Pero esa posibilidad no paga hoy las cuentas de alguien que esperaba un dividendo. Y vender acciones para conseguir efectivo depende del precio disponible en ese momento: no equivale a cobrar una suma asegurada.

Ya conversamos en LedgiFi sobre dividendos y reinversión. MK4 agrega otra capa a esa discusión: no solo importa el destino de la plata, sino las reglas para decidirlo.

MK4 también toca ahorro, fondos y financiamiento

El paquete es bastante más amplio. La presentación de Hacienda incluye un Segmento Junior bursátil, mini-bonos y registros más ágiles; reinversión entre fondos sin tributación inmediata mientras los recursos sigan reinvertidos; cambios en bonos del artículo 104; y facilidades para atraer capital extranjero y exportar servicios financieros.

También contempla elevar de 6 a 8 UTM el tope anual de la bonificación del APV régimen A. En vivienda propone AVV para el pie y Fonavi para ampliar el financiamiento hipotecario. Se suman ajustes regulatorios para fondos, bancos y medios de pago. Son herramientas diferentes, no un único beneficio para todos.

El análisis de Fintual aborda además propuestas sobre el artículo 107, activos que podrían acceder a su tratamiento tributario y compensación de pérdidas de inversiones extranjeras. Son aristas que requieren distinguir instrumentos, condiciones y vigencia; no equivalen a declarar todas las inversiones libres de impuestos.

Tampoco conviene confundir un cambio en el porcentaje repartido por una empresa con un cambio en la tributación de quien recibe el pago. Son preguntas distintas, aunque ambas afecten cuánto dinero termina disponible.

El debate no termina en el porcentaje

Un mercado con más alternativas de financiamiento puede abrir oportunidades. Para que eso resulte atractivo a quienes aportan capital, también importa confiar en las reglas y en quienes administran los recursos.

En dividendos, la discusión del MK4 enfrenta dos necesidades legítimas: dar flexibilidad a las empresas y proteger a quienes invierten sin controlar las decisiones. El texto final y sus resguardos serán más importantes que cualquier promesa de que ahora todas las acciones van a subir, o de que nadie volverá a recibir un peso.

En LedgiFi nos interesa entender qué hay detrás de esos titulares y cómo se conecta con tu plata. ¿Te parece razonable facilitar la reinversión con dos tercios, o prefieres mantener la unanimidad para bajar del mínimo? Cuéntanos en X y recuerda que en Instagram compartimos contenido para que las conversaciones de pasillo no te pillen desprevenido. ¡Nos vemos allá!